jueves, 21 de abril de 2011

De boca a oreja (como Dios manda)

Lo cierto es que lo del boca en boca del castellano tiene, en francés, un sentido mucho más lógico para este asunto de la cuentería, la narración oral, la comunicación afectiva que intentamos algunos.
Reflexión que debí colgar hace un par de semana cuando bullía mi espíritu en Estrasburgo gracias a este maravilloso Festival, de aparente modestia; pero de una grandeza, privilegio de pocos.
Y es que "De bouche à oreille et de boca en boca" es un Festival de cuenteros y cuenteras que surge hace cuatro años con vocación de juntar palabras y palabreros y dar a Estrasburgo (que ya tiene los suyo) un rinconcito amable donde la cuentería tuviese caldo de cultivo para arropar y arropando crecer con el vigor conque ha crecido en este tiempo que, comparado con la historia de los Festivales de Oralidad, se antoja breve.
Responsables hay muchos, pero en la raíz misma de este árbol están José Manuel Garzón, hombre, actor y cuentero, generoso y cabal, como pocos (es mi amigo, lo admito) y Ligia Vasquez, mujer de rompe y rasga como casi todas las de su tierra (Colombia); transparente y de una pieza que aglutina no sé si como dinamizadora o como madre a mucha gente diversa con ganas de hacer y compartir haciendo (cosa extraña en estos tiempos que, no se si corren para pasar más a prisa de la pasividad y la inopia)...me enrollo.
A lo que iba; Garzón y Ligia son auntéticos y cómo saben lo que quieren se han unido a personas que alegran, cuidan, cocinan, cantan, miman, abrazan, respetan, escuchan, aconsejan, protegen, amparan y que hacen que en una semana la vida de cuenteros sea mucho más mágica que cualquiera de las historias que el público magnifica y reinventa mirando cada gesto, pero viendo por la oreja, como manda la tradición.
Contar en la Maison de l'Amerique Latine de Estrasburgo es privilegio, es lujo. Allí se tejen y destejen a un tiempo tantos imaginarios como mundos desata la palabra viva, como ansiedad se despierta en las orejas expertas con el castellano y en las que recién se suman a la música maravillosa de nuestra luenga (ejercicio al que nos sumamos los castellano parlantes en las sesiones en francés)
La "salita" tiene el tamaño justo, la capacidad suficiente para que no se pierda nada cuando estás contando o cuando escuchas (ahora estoy aprendiendo a escuchar con la piel)
Tres sesiones diarias, el público va y viene y se queda y regresa, participa en un acto sublime de generosidad y respeto, por eso el título de esta "divagaciones" afectivas. Insisto: el cuento sólo vive por la oreja que lo escucha.
Si alguna vez os llaman para ir a contar a Estrasburgo, a la casa de América, no pregunte ni ponga condiciones; es un aprendizaje.
Si alguna noche coincide y pasea por el número 7, Rue de la Course y ve un cartel que anuncia cuentos, pregunte y pase, anímese y súmese a este entramado de afectos para que el sólo se necesitan orejas porque la palabra esta servida con una buena dosis de autenticididad, profesionalidad y respeto.

2 comentarios:

saritanu dijo...

Ojalá me llegue el día.

Anónimo dijo...

El privilegio es nuestro... por aqui te esperamos de nuevo cuando quieras. Abrazos
Mariana