viernes, 6 de julio de 2012

TIEMPOS, BRÙJULAS Y REENCUENTROS



 El tiempo va sin ruido a pesar del reloj que  nos apura y nos desvela. El tiempo pisa y pasa sin rostro pero dejando las ineludibles señales de su ser, sus marcas y el recuerdo, esa sustancia invisible que nos habita y nos sostiene, armando lo que somos, porque no somos más que eso: lo que fuimos y vamos remendando, zurciendo para que al final el harapo cubra y nos arrope en el miedo de caer en el olvido.
Y es que cuando parecía que todo estaba en orden, la vida no era mía; aunque si era mi vuelo, mi fuga y esa intención que nos inculcan de construir caminos propios ¿Pero hay camino propio sin los trillos de apariencia ajena que los atraviesan, sin los caminos que se cruzan  tejiendo encrucijadas?
Estoy de vuelta a la raíz, estoy reencontrándolo todo y encontrándome como cuando parecía que escribiendo un poema se salvaba el mundo.
O es que, en verdad, es ahora cuando escribo un poema en el que el recuerdo se desnuda y me desarma, permitiéndome el lujo de elegir yo mismo las piezas, de despreciar y apreciar, de tirar, de recomponer y armarme o dejar que el caprichoso destino haga los suyo; poniendo la resistencia justa para no perderme demasiado porque perderse a estas alturas es terminar "fantasmeando" en tus propios rincones.
La tentación de cambiarlo todo me agita y se proclama como las consignas que arroparon mi infancia en las que el futuro pertenecía a algo muy concreto que ahora es nada.
Mi calle, mi casa, mis ausencias, los amigos de aquellos veinte años en los que la vida era gozo y miedo, disparate y compromiso, todo  al mismo tiempo; cuando las verdades que ahora se evidencian latían porque el miedo atrapaba la voz y no podía nombrarlas.
Camino los recuerdos sin diarios, sin fotos, reinventándolo todo porque "ese" volver a vivir es poner las cosas en sus sitio y poner las cosas en su sitio es transplantar, tirar, podar, sembrar, acomodar y acomodarse.
Y yo me reacomodo las ausencias y las últimas vivencias en Santiago de Chile, en casa de Juanita, me acomodo como bebé en regazo porque afuera hace frío y porque estoy aquí como si hubiese estado antes porque canta, en mi mente, VioletaParra la canción de aquellos años en los que una canción bastaba para cambiarlo todo.
Disfruto viendo como los amigos de hoy habitan  mi casa de antaño, a los amigos nuevos haciéndome el nido en sus rincones, a los viejos amigos compartiendo su nido de ahora y me dejo llevar porque aun hay tiempo de elegir caminos aunque el tiempo sin voz, sin ruidos, sólo con su pisada, intente hacer creer todo lo contrario.
Estoy mirando al sur ¿Habré perdido el norte?

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