lunes, 2 de mayo de 2011

LA TRADICIÓN ORAL ¿VALOR EN ALZA?



A dónde va lo común, lo de todos los días…
Silvio Rodríguez


Si miro atrás, a la raíz de mi conciencia lectora, surgen dos títulos que en su tiempo antólogo Herminio Almendros, maestro español (machego, de Almansa), y que tituló “Había una vez” y “Oros viejos”. Descubro entonces, en ese primer recuerdo que la mayoría de las historias que conformaban el libro tenían su raíz en cuentos populares y tradicionales.
Quizás fue una suerte asimilar el legado de algunas culturas orales como una “especie” de literatura porque, lógicamente esos cuentos habían pasado por una “depuración” estilística para responder a las demandas de las nuevas estructuras sociales que, lógicamente generan nuevos conceptos y nuevas visiones del universo.
O tal vez fue ese el error en que creció mi generación, en el desdeño de lo Oral por cuanto representaba la pertenencia a un pasado del que nos habíamos sacudido y que, supuestamente, íbamos camino de superar.
No sé si estaba predestinado a vivir del cuento, aunque viniendo de una familia de habladores todo era posible, pero fueron, casualmente dos historias literarias las que despertaron en mí las ganas de contar “La serpiente y su cola”, Onelio Jorge Cardoso (Cuba) y “La historia de un caballo que era bien bonito”, de Aquiles Nazoa (Venezuela), pero el devenir de mi oficio por una intuición no concienciada, no asumida del todo, ha querido llevarme por el maravilloso camino de la Tradición Oral.
Mientras intentaba esta reflexión llegan a mí unas palabras de Antonio Rodríguez Almodóvar:
"Los cuentos tradicionales siempre han tenido en cuenta esta delicada fase de la formación del pensamiento y, en general, del psiquismo infantil. Por eso contienen una significación simbólica que no aparece en primera lectura; para que la propia mente, en su desarrollo, se haga con el sentido. De ahí que los auténticos cuentos tradicionales tampoco posean mensajes explícitos –moralejas-, que son propios de la cultura ideológica, o doctrinal. Aquellas cualidades son más profundas y más rica en las versiones de la tradición oral o popular".
Y entonces lo veo claro, lo cuentos de tradición oral cuentan lo que somos y es, gracias a su aparente simpleza, que se te cuelan en el imaginario, porque desde este llegan, en este se reinventan, se “conservan” y ese, es su valor más auténtico.
De un tiempo a esta parte ha habido una avalancha de publicaciones que intentan recoger la “memoria oral” de muchas culturas, no sé si para potenciar el valor de las mismas o para “hacer caja” de la necesidad de muchos ámbitos de abrirse a la pluralidad del mundo.
Hemos visto de “casi” todo, hasta extremistas interpretaciones que relegan a un segundo plano e incluso al olvido, el auténtico valor de estas narraciones que gracias a los libros se han hecho tangibles.

Pero ¿Dónde estriba el valor del cuento popular y de otros elementos de la tradición oral? ¿Por qué constituyen una herramienta?
Muchas veces los valores de los cuentos de tradición oral no se manifiestan abiertamente, si sólo buscamos desde el reducido prisma de lo explícito. Y es que los valores, nacen del ejercicio cotidiano y humano de entender la realidad, reinventarla, comentarla, asumirla, reconstruirla desde los valores heredados o desde los valores en construcción (los valores son procesos). Las visiones reduccionistas de los valores nos hacen, muchas veces, menospreciar, despreciar o trasformar erróneamente aquello en lo que se sustenta la esencia y el valor de estas creaciones.
En la Tradición Oral todo se reviste de una aparente simpleza que no siempre asusta, que no hiere e incluso nos sorprendemos riendo de afirmaciones, aseveraciones y juicios que en otros contextos rechazaríamos abiertamente.
El cuento popular, de tradición oral cuenta lo que somos, lo que pensamos porque va desvelando de dónde venimos y de dónde vienen algunos de los principios, normas y valores que arman nuestro imaginario individual.
De ahí que no sea prudente versionar por versionar, recontextualizar por modernizar, lo propio sería considerarlo una entidad viva y que sean, ámbito, interlocutores, circunstancias las que atribuyan, en el proceso, un nuevo valor al texto.
La fundamental riqueza del cuento estriba en que se arma desde la subjetividad por lo que, al desatarse el proceso de COMUNICACIÓN, se activan en el oyente sus capacidades de análisis y asimilación de lo que se cuenta a veces de manera conciente, otras inconcientemente. El bagaje de la tradición oral radica en su valor patrimonial, en su capacidad de nombrar lo cotidiano con los recursos propios de la cotidianeidad.
No hay que complicarlo, ni juzgarlo, hay que disfrutarlo como algo propio y permitir la libertad de que sus múltiples enseñanzas se armen en comunión con los saberes del que cuenta, del que escucha, del que asume la historia como un ente vivo, con rasgos de identidad que de alguna manera nos desvelan la identidad propia.
Entonces, nacerá (más allá de tópicos) la condición de herramienta para incidir en determinados procesos y favorecer la creación de auténticos espacios de comunicación afectiva que, ajenos a las doctrinas, nos permitan contar y contando construir los que somos.

lunes, 25 de abril de 2011

VERSOS PARA EL RECUERDO

Hace unos meses (tantos que si los nombro me parece que a punto estuvo esta crónica de caer en el olvido) me llamó Javier, de Úbeda. Él y Beni venían a Ciudad Real, ciudad que a ratos me acoge, al concierto que su hija daba en Pachamama.
Yo hace un tiempo, por error y por miedo al humo, me había alejado de los cantautores. Tenía razones más que suficientes para ir: una compañía de lujo, tiempo y ganas de que el alma se abriera al recuerdo y las palabras de un amigo, José Lemus, que alguna vez me habló de una muchacha de Úbeda que cantaba como los ángeles.
La muchacha que canta y a su vez, hija de Javier y Beni, es Zahara. Una mujer que sabe muchas cosas, sobre todo qué decir y cómo cantarlo.
Me atrapó, me sedujo, me conmovió por eso una canción "CAMINO" y el motivo que la inspira (que luego supe, de voz de Zahara, en un desayuno con flores en la Plaza Mayor), me movieron a escribir estos versos adultos cuando mi manía de jugar a las poesías se hacía cada vez más vieja.


No es que no quiera volver,
es que no encuentra el camino;
la maraña que el destino
ha tejido con su ser.
Hoy sin mañana, el ayer
perdido en la lontananza,
donde el olvido y su danza
juegan a inventar la ausencia
con la luz de tu presencia,
con la raíz del querer.

Se hizo tu mirada espejo
donde engalano mi risa
para que bebas sin prisa
la ternura que te dejo.
Y mi recuerdo más viejo
renace en algún suspiro
que se escapa cuando miro
cómo te pierdes volando
y me consuelo cantando
la huella en la que me inspiro.

Abuela, en la lejanía
te busco arrullando nanas,
calentando las mañanas
con aromas de poesía
y tu voz, que se hace mía,
va dibujando emociones,
armando nuevas razones
que censuran al olvido
y en mi pecho te haces nido
donde empollan mis canciones.

Y por si quieres volver,
cuando recobres tus lazos,
yo me reservo un abrazo,
una flor y un alfiler,
el mismo cuento de ayer,
un mago y un peregrino,
una bruja, un adivino
que ayuden a levantarte
y que puedan arroparte
si reencuentras tu camino.

sábado, 23 de abril de 2011

MENESES, UNA NOCHE DE HACE 20 AÑOS

Nadie entiende a la noche
si un cocuyo de roza las almohadas,
tanto silencio no puede ser la aurora,
tanta torpeza no amasará precisa
la esperanza.

La noche tangible es lastimera y dura
si tocase un descuido la soledad del sexo,
si una canción viniera de la nada al deseo.

¿Flotará la esperanza
en la suerte cocuyo que lastima los sueños?

Nadie entiende a la noche,
sólo el cocuyo para y es soledad y aurora...

viernes, 22 de abril de 2011

AMOR PIRATA

Cansado de esperar, el pirata quiso abandonar mi pueblo sin costas. Al intentarlo, descubrió un para de retoños en mitad de su pata de palo; había echado raíces.
Decidió quedarse y, entonces, pasó por delante de sus ojos un vestido azul turquesa que se movía con un sensual vaivén de mar en calma. Sus ojos marrones siguieron aquel contoneo y ella notó una mirada insistente de hombre a la altura de sus nalgas. Paseó el mismo camino unas cuantas veces y se detuvo luego para mirar con descaro al pirata.
La joven tenía los ojos del mismo azul del mar que él añoraba y el hombre la miró como quien otea el horizonte y al alma le llegó con aquella mirada. Decidieron amarse para siempre.
Mi abuelo pirata tuvo el privilegio de envejecer con la certeza de un amor que le ofreció raíces y horizontes.

Esta es la versión apretada de la historia que narra por qué mi pueblo, Meneses, tiene por patrona una Virgen marinera, por qué mi abuelo fue un pirata y por qué olvidamos el color de los ojos de mi abuela paterna que escribí para mis amigos de Légolas y su genial propuesta de echar a rodar los cuentos

jueves, 21 de abril de 2011

De boca a oreja (como Dios manda)

Lo cierto es que lo del boca en boca del castellano tiene, en francés, un sentido mucho más lógico para este asunto de la cuentería, la narración oral, la comunicación afectiva que intentamos algunos.
Reflexión que debí colgar hace un par de semana cuando bullía mi espíritu en Estrasburgo gracias a este maravilloso Festival, de aparente modestia; pero de una grandeza, privilegio de pocos.
Y es que "De bouche à oreille et de boca en boca" es un Festival de cuenteros y cuenteras que surge hace cuatro años con vocación de juntar palabras y palabreros y dar a Estrasburgo (que ya tiene los suyo) un rinconcito amable donde la cuentería tuviese caldo de cultivo para arropar y arropando crecer con el vigor conque ha crecido en este tiempo que, comparado con la historia de los Festivales de Oralidad, se antoja breve.
Responsables hay muchos, pero en la raíz misma de este árbol están José Manuel Garzón, hombre, actor y cuentero, generoso y cabal, como pocos (es mi amigo, lo admito) y Ligia Vasquez, mujer de rompe y rasga como casi todas las de su tierra (Colombia); transparente y de una pieza que aglutina no sé si como dinamizadora o como madre a mucha gente diversa con ganas de hacer y compartir haciendo (cosa extraña en estos tiempos que, no se si corren para pasar más a prisa de la pasividad y la inopia)...me enrollo.
A lo que iba; Garzón y Ligia son auntéticos y cómo saben lo que quieren se han unido a personas que alegran, cuidan, cocinan, cantan, miman, abrazan, respetan, escuchan, aconsejan, protegen, amparan y que hacen que en una semana la vida de cuenteros sea mucho más mágica que cualquiera de las historias que el público magnifica y reinventa mirando cada gesto, pero viendo por la oreja, como manda la tradición.
Contar en la Maison de l'Amerique Latine de Estrasburgo es privilegio, es lujo. Allí se tejen y destejen a un tiempo tantos imaginarios como mundos desata la palabra viva, como ansiedad se despierta en las orejas expertas con el castellano y en las que recién se suman a la música maravillosa de nuestra luenga (ejercicio al que nos sumamos los castellano parlantes en las sesiones en francés)
La "salita" tiene el tamaño justo, la capacidad suficiente para que no se pierda nada cuando estás contando o cuando escuchas (ahora estoy aprendiendo a escuchar con la piel)
Tres sesiones diarias, el público va y viene y se queda y regresa, participa en un acto sublime de generosidad y respeto, por eso el título de esta "divagaciones" afectivas. Insisto: el cuento sólo vive por la oreja que lo escucha.
Si alguna vez os llaman para ir a contar a Estrasburgo, a la casa de América, no pregunte ni ponga condiciones; es un aprendizaje.
Si alguna noche coincide y pasea por el número 7, Rue de la Course y ve un cartel que anuncia cuentos, pregunte y pase, anímese y súmese a este entramado de afectos para que el sólo se necesitan orejas porque la palabra esta servida con una buena dosis de autenticididad, profesionalidad y respeto.

hay días en que Carolina Rueda debe estar a mano

Sin ir más lejos, hoy la he buscado para que ilumine la víspera de este Jueves Santo que se me antoja gris y no aparece.
Le he dejado un mensaje con voz rota, por si cuela y me llama en un rato y si no es suficiente cuelgo estas rimas apuradas que le dediqué hace un año cuando Bogotá, gracias a ella, regalaba certezas a mi oficio.

En la voz de Carolina
hay futuros y pasados,
hay pájaros desatados
que, con magia cantarina,
pueblan, como serpentinas,
los caminos y las almas
y en torbellinos y calmas
las luces se hacen tangibles
los silencios perceptibles
y la tierra se sacude
porque a su consuelo acude
la voz de alas y raíces
que, con sonoros matices,
alienta la poesía
y canta la melodía
con que despiertan las nanas
y dormitan las campanas,
la montaña se hace cielo,
el mundo se hace un pañuelo
y lo imposible camino
y lo humano es lo divino
y lo divino la suerte
donde la vida y la muerte
bailan sin miedo al ovido.
Porque esta cuentera es nido,
esta cuentera es abrazo,
es leche materna, lazo,
arrullo, ventana, canto,
es consuelo para el llanto,
música de las canciones,
balcón de las emociones,
ala de los sinsentidos,
el sueño de los dormidos,
es la voz de los "sinnombre",
el nombre de los perdidos,
es corazón y latido;
esta cuentera de raza
que te mima, que te abraza
y al amor le da sentido.



RECOMENDACIONES:
Más allá del afecto, la admiración y el respeto y en virtud de estos, léase a modo de crítica y como definición de cuentera y de cuentero, por supuesto.

POEMAS DE ANTAÑO

Pasa que la canción se desgarra,
pasa que el miedo vuelve desde el llanto a la espera,
pasa que la estación es menos tierna sin payasos,
que el desamparo ruge,
que la tristeza canta:
"Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero..."

¿Qué esperar si perece el aliento desde el alma,
si surjo de tu nombre y te me quiebras,
si te evoco y no asaltas mi lujuria con tus trinos?

Voy a armarte en mis razones aunque faltes
aunque sufra
aunque duela...
Desamparo es de este sitio la consigna
y convoco el canto que me nutre
y asalto la ternura que me hiere

Pasa que la canción ya palidece,
pasa que la fin el miedo me devora,
pasa que un triste otoño languidece,
pasa que, inconsolable, mi alma llora.

septiembre de 1991

martes, 13 de abril de 2010

HABLAR POR HABLAR

Ya no sé que pretexto encontrar para subir a tiempo las cosas que vale la pena compartir con la parte del mundo que no las vive
Bogotá fue un torrente incontenido e incontenible de emociones y me debo palabras para elogiar a los cuenteros y palabreros que me permitieron el privilegio de compartir con ellos esos días definitivamente maravilloso en los que Bogotá se rindió a la palabra, al gesto, a la escena, al arte.
Las palabras que me salían entonces estaban cargadas de una suerte de paternalista melancolía y por eso me prohibí la cháchara necesaria.
Luego el paso por La Habana que siempre me enmudece y el regreso a España en una avión diseñado para tallas pequeñas...
La vuelta ha sido fácil, sólo el cansancio ha hecho mella en mis ganas de comerme el mundo y ya desde ayer ando por La Manchuela (Albacete) descogelando las historias que callaron los temporales del último invierno.
Hoy supe que este año nos vemos privados del Festival de Cádiz por los consabidos temas de presupuestos y mientras me ordeno la sesión de las siete pienso que mañana estrenamos oficialmente el corto "HABLAR", del canario Francis Peraza y en el que un servidor hace de actor. Nada, atrevido que se vuelve uno, cuando no permitió a la adolescencia desatinos. Tengo miedo verme cara a cara con el resultado y no ser lo que quise o intenté ser.
Juro que mañana, desde el lugar del mundo que me permita conectarme a la red hablaré de "Hablar" y espero que no sea como algunas veces hablar por hablar

miércoles, 31 de marzo de 2010

MANERAS DE DECIR


Llegar a Bogotá ha supuesto un antes un un después de muchas cosas. Cierto que ya tengo ganas de mi mundo, de mi vida cotidiana, de mi casa y su luz, de mi espacio, mi tiempo y de ese, aveces, insoportable ejercicio, que se llama rutina.
Llegué a esta ciudad como quien acude a la prueba definitiva de su oficio y aunque se han empeñado en robarle derechos al paisaje, ahí estaba mi Carola, mi Carolina Rueda, luminosa y anfitriona para darle a la ciudad todo o que faltaba en la sorpresa de la primera vez, de la llegada.
No bien superado el abrazo llegaba Flora Ovalles, narradora y amiga venezolana con la energía un poco mustia, pero con el corazón de siempre y entonces supe que valía la pena.
A toda prisa subí maletas y cansancio a la habitación y en una furgoneta llena de cuenteros me fui presuroso a vivir lo que ya estaba pasando en el Festival.
Cuatro sesiones, cuatro maneras de contar, un mismo espacio y casi un mismo público algunos sólo acuden al primer pase, otros repiten y otros llegan renovados a fortalecer las energías del elemento imprescindible de este oficio, la oreja)
La noche la abre Jean Michel Hernández, un hombre que tengo la impresión de conocer de siempre, generoso en expresividad y un tejedor de palabras que un barca roja nos paseó por un trocito de ese Mediterráneo azul, tranquilo... Ese hombre sabe muchas cosas pero te insinúa su sabiduría sin estridencias.
Luego fue Linda Gallo, hermosa cuentera, eficaz en el gesto y certera en la palabra y con una voz tan bien "parida" que dan ganas de dejarse arrastrar a cualquier sitio. Un espectáculo mestizo, que contamina, en la medida justa, la cuentería con la música y la danza. Erotismo, humor, oficio, todo ello en un plato único agripicante, dulcisalado, con un acidez de fruto rojo que además de reír, me hizo pensar y descubrir a esta mujer de la que ya tenía nociones por palabras de Pedro Mario y Carola.
Alekos, es definitivamente un duende, se te cuela y te toca sin permiso. El llegó luego, cuentero, juglar, humanista y nos paseó como por un parque de diversiones, desde la montaña rusa (que en Rusia es americana) hasta un cuarto de espejos en el que nos hayamos todos mirando a los ojos de Cielo para saber algo más de la ternura.
En bicicleta, llegó Luciano Federico, en guerra con el mundo y sus mentiras. Ácido, corrosivo, pero auténtico e ingenioso desde la palabra hasta el gesto, desde la filosofía hasta la puesta en escena. Todavía navego en ese mar de fondo azul y mágico que simboliza tanto y que te arrastra sin permiso y te exige pensar y actuar...o al menos intentarlo.
Como si o fuera suficiente para me cabeza desneuronada por tantas idas y venidas, el cierre con Calle 13 y en la espera de un pollo para dar al cuerpo lo que ya el espíritu tenía un a voz grita mi nombre con un acento de toda la vida. En Bogotá, a las 12 de la noche como una anunciación el más ruidoso, entrañable, efusivo y generoso en afectos de mis amigos: POPA
¿Es necesario decir algo más para probar que ha valido la pena, que Bogotá, a pesar de haberle robado protagonismo a las montañas me ha robado a mi mismo con el cuento de que en esta ciudad todo es posible?

lunes, 29 de marzo de 2010

DEL REGRESO Y LOS MIEDOS...


La espera es una suerte de delirio cuando se pone en juego la ilusión de llegar al sitio donde la ternura tuvo cobijo y ahora pulula huérfana en tierra de nadie.
Me apuro a desatar manías nuevas para llegar como quien no ha faltado, pero el tiempo de ausencia ha lacerado el huerto, la enredadera y el nomeolvides que crecía a la altura de mis ojos es ahora mismo un árbol casi gigante que se empina convocando al cielo o al olvido que son en estos lares la misma cosa
El recuerdo es una ventana rota por la que se cuela el frío y me arropo para escudriñar trillos de antaño en los que me dejé la piel de las rodillas, mis primeras palabras y tal vez un amor que no supe nombrar por la culpa del miedo.
Nada es igual, yo intento serlo pero hasta la oreja me descubre en su cansancio de armonizar los sonidos de ahora con las cantinelas endecasílabas de entonces
¿Y si cambio mi nombre? ¿Y si olvido el ayer y me lo invento como quien teje un cuento sin final previsto?
Nada tiene el color, los rostros son arrugas, las risas una mueca exagerada y fría, yagas tiene el azul y al horizonte se le escapa la voz cuando cuenta que antaño fue hermano del futuro.
Yo que le escucho, tiemblo y me acurruco como intentando reducir mi estatura para caber en los guacales limpios de mi infancia que miran suplicando que los cargue conmigo para siempre porque temen que olvidé la calle de piedra de mis juegos, el azul desvaído del nomeolvides y los olores con que mi barrio se estrenaba cada mañana a la suerte de ser parte del mundo que ahora mismo no sé si lo ignora o se conduele

EN MENESES, MARZO DE 2010

Modestia..¡Apártate!


Más allá y también más acá del narcisismo propio de los que vivimos de cualquier oficio que reclame el aplauso, cuesta hablar de uno mismo, más que nada por falsa modestia y por el qué dirán. Pero visto lo visto, que mis abuelas no estaban y que tengo la certeza de que faltaron ojos críticos que pregonaran mi dicha, me atrevo y cuento y me echo alguna florecilla y un ramillete entero al público que ayer me arropó en San José, que defendió mi voz y recolocó mi desánimo.
Fueron muchos ojos, orejas, manos, porque logré que bailaran y cantaran, que jugaran con mis cuentos más que nada porque estaban abiertos al disfrute y porque yo quería secarme la espinita.
Público familiar (cientoylamadre; para no errar) cuentos populares y una ambiente caldeado por la tarde que despedía un día de asfixiante temperatura.
¿Qué conté? Lo infalible: El gallo y el carámbano, El gallo de Bodas (mi versión del Gallo Kirico), La cucarachita Martina (que en versión tica se llama Mandiga y que en lugar de sopa hace arroz con leche), El pollito Pito, Akeké y el baile y canciones y juegos...
Nada, que me la pasé en grande y si alguien quiere corroborarlo que lo haga.
Parece que salir huérfano de expectativas hace que la fuerza te salga por los poros y que cualquier empeño es nada, si no hay un público abierto a gozar y a hacer tangibles la palabras que fluyen desatadas en el intento de compartir, conmover y disfrutar.

domingo, 28 de marzo de 2010

Ana Nery es definitivamente, LA MANCHA


Y no una mancha oscura, sino luminosa, con añiles y blancos y tono almagre bullanguero que no deja a nadie indiferente.

Y es que La Habana me supuso otro reencuentro con esta amiga con la que apenas coincido y que sin embargo parece que la cargo en mis afectos de siempre.

Ana es una mujer de raza, de las que no necesitan aderezos para ser más que tierra (como dice García Pavón en la defensa más linda y auténtica que he visto de lo femenino) por eso llega y encandila, o encanta o seduce o "encuenta" con palabras sencillas contando sus verdades y desvelando miedos y certezas.

La Habana la hizo suya porque ella supo cantarle Oshún, mientras la miel endulzaba su cuerpo (su cuerpazo) y al público le gustó su manchega verdad, su falta de artificios.

Sólo le debe a la La Habana una jota manchega para ver como se mete en este ritmo la clave cubana y percibir que parte de la anatomía caribeña se da al arte del meneo con este ritmo.

Gracias Ana por tejerme un puente entre mis vidas y nos debemos una madrugada para ir hasta el malecón a pescar y seguir contándonos la vida o viviéndonos el cuento.

Las ilusiones...¿perdidas?

No aprendemos los humanos a minimizar el riesgo de las expectativas. A ratos me he creído adulto y me impongo la certeza de que las cosas pasan porque sí, para que algo se mueva o se retuerza o gima, pero no dejo de creer en esa suerte fragilísima que supone el vivir de ilusiones, aunque luego, según reza el refrán, morir de desengaño sea lo propio...
Es cierto que mi oficio desgasta, pero al mismo tiempo te refuerza esos rincones maravillosos del afecto y cuando el cuerpo dice basta; el corazón o el ego, menos poético, pero vibrante y protagónico te exigen seguir destejiendo o tejiendo (según sea el caso) las palabras.
Confieso que soñé con este viaje, soñé soltar mi voz de acento entreverado en esta tierra amable donde los árboles y el verde compitan con las sonrisas más amables que he recibido en mi vida,llena de amabilidades y sonrisas; pero pobre de mí, el tiempo pasa y yo camino de un lado a otro mirando el privilegio de lo mestizo y viendo como vive la ciudad porque de cuentos, nada
Ayer en Alajuela, la cosa se torció por un error de comunicación y mi gozo en un pozo, por suerte estaba el patio maravilloso de la Casa de Cultura, la gentileza de Mariela, Juan Madrigal, Alan y mi anfitriona, Fabiola, que no hayaba qué hacer para consolar mi frustración, enmascarada pero que supo adivinar a pesar de mis risas y palabras desatadas.
Escribo a modo de catarsis, para asegurarme que esta tarde habrá orejas prestas a las escucha porque vine a contar y una voz sin orejas no es más que silencio...

sábado, 27 de marzo de 2010

De estreno..

Estoy sentado en un Hotel de Costa Rica, Balmoral,en San José. He llegado esta mañana y por fin después de más de veinte días en mi tiera puedo intentar hacrme con esto del portátil para ver si logro decir algo o por lo menos impedir que se me eche el tiempo encima con la pátina silenciosa del olvido.
La ciudad pasa, unas guitarras suenan (el hilo musical) y yo disfruto los beneficios del animato, aún sin credencial, saturado de jugo de guanábana y con ganas de más y más frutas.
No sé si la ciudad me pedirá una cita mañana cuando el día se abra como mi mente (hoy ando catatónico)entonces podré mirar con ojos de recién llegado y hacerme la idea de que estaré más tiempo.
La gente pasa a mi lado saluda, se cita, se espera y yo no quiero hacerme con nadie; necesito estar conmigo porque Cuba siempre me deja en una suerte de delirio existencial con tantas bofetadas (tambien la de marzo y sus ventoleres)
Esta madrugada, cuando me disponía a salir tuve la certeza de que se cerraba un ciclo o al menos eso espero, para ver si los próximos regresos son menos lacerantes,menos duros.
Mañana intentaré colgar algunas de las cosas que escribí en la llegada y contar del Festival Primavera de Cuentos, para esos menestres espero que la señal llegue a mi habitación para quedar conmigo mismo y viajara sin que nada me distraiga

miércoles, 6 de enero de 2010

A punto de que acabe el Día de Reyes..Magos

Lo cierto es que anoche, cuando Gaspar, Melchor y Baltasar andaban ya en faena para encender ilusiones a este día gris como casi todos los últimos días de este invierno lluvioso, tuve ganas de recordar, mejor dicho, de reinventar el recuerdo. Soy de una generación de cubanos que a los cinco años, cuando las ilusiones son tangibles, tuvo que asumir la "gripe ideológica" que hizo alejarse a sus Majestades de las costas cubanas, al punto de quedarse (los tres) agarrados firmemente a los flecos de la memoria para aparecer, extrañamente, en el mes de julio. Ya no era los Reyes, pero los niños que fueron nuestros padres seguía asociando la suerte del juguete al viaje de Gaspar, Melchor y Baltasar.
Y es que antes todo era más lindo, digo yo, como si fuera suficiente soñar para que cualquier cosilla te arrancara sonrisas...
¿qué habrá sido de los niños que fuimos?¿Qué será de los niños y niñas (hoy se tiene más consideración con el género) de este tiempo en que tienes que escuchar a un impresentable Baltasar hacer guiños políticos a una fiesta que fue siempre fiesta de ilusiones aún en tiempos peores y que lo sigue siendo en sitos donde la palabra crisis no se nombra porque siempre hemos vivido en ella y aunque "acostumbrarse es una cosa oscura", aprendimos a asumirla?
Nada que siempre hubo necios y yo prefiero acostarme con el sabor dulzón de la nostalgia y dejaros este texto de un libro que escribí hace doce años, "Recuerdos de mi única casa" y en el que otorgo a los Reyes Magos el privilegio de una memoria que me hace salvar, contar y reinventar los recuerdos más lindos de mi infancia


NANO Y MARIA: ENTRE CANARIOS Y BORDADOS


Nano, el barbero de mi pueblo, le cotejaba la cabeza al más pinto. Se quedaba lelito escuchando al millón y medio de canarios que tenía enjaulados. Si los pájaros callaban, les silbaba una contraseña que no pude aprenderme, la cambiaba cada vez yo que iba de la mano de mi padre.
Mientras Nano hacía maravillas con el ruido de su máquina y su orquesta alada, María, su mujer, fumaba en un rincón más de mil cigarrillos y bordaba florecitas de rococó en las batas de canastilla. En Meneses, todos nos vestimos por primera vez con los milagros que María sacaba de sus manos.


Un día, mis padres me creyeron grande, fui solo a componerme la cabeza….Pero Lissette y yo teníamos juntos más nubes que las que hay en el cielo y nos fuimos hasta el fondo del patio a encontrar al culpable de aquel asesinato: habían hecho trizas un arbolito de Navidad. ¡Qué sacrilegio! Y a aquellas alturas de la vida, los niños de Meneses no sabíamos que cosas era la Navidad y no habíamos visto nunca un arbolito. No pudimos hallar al asesino; Lissette rescató una bola amarilla y yo, un pedazo sucio del algodón que ponían por nieve. Algo es algo.


Nano y María nos vieron tan tristes que no hallaban qué hacer para aliviarnos. Del remedio para Lissette, no me acuerdo. Pero a mi me dijo Nano: “¡Quítate esa camisa de barquitos y siéntate en mi sillón, de espaldas al espejo!”. Así lo hice y en lo que Nano me dibujaba un sueño con el ruido de su máquina, María le bordó una florecita de rococó a cada barco de mi camisa. Salí de allí como nuevo, tan elegante, tan lindo que, camino a mi casa, los adultos llamaban a los más niños para que conocieran en persona a uno de los Reyes Magos.

domingo, 25 de octubre de 2009

El cine como picnic

Soy de pueblo, exactamente de Meneses y como casi todos los chicos de pueblo el cine fue una ventana mágica a otros mundos, los posibles, los imposibles, los imaginarios.
Recuerdo entrar con un apretoncillo en el estómago al Cine Maritza (así se llamaba la hija del dueño) y con un montón de expectativas bullendo como si en ese instante mi destino dependiera de lo que pasara esa noche en la pantalla.
Mi abuelo Horacio proyectaba la película y en cuanto se apagaban las luces, se hacía el silencio, asistíamos conmovidos al nacimiento del milagro. Si eras de oído fino se sentía el chasquido de la película ( como en los discos de vinilo) y sólo se rompía el silencio si la trama exigía una carcajada, un suspiro o un grito. Otras veces sonaban estrepitosos silbidos si el rollo terminaba y el "proyeccionista" se había quedado dormido harto de ver tantas veces las mismas escenas.
Era un espectáculo, empezaba a su hora, nos vestíamos para acudir a un suceso y la acomodadora velaba por si algún remolón no encontraba una butaca vacía (las de mi pueblo no estaban numeradas)
Y todo este recuerdo acude presuroso en mi auxilio (parafraseando a Mario Benedetti) porque acabo de ver una de esas tantas películas que hoy nos venden para sacarnos los dineros, la paciencia y las ganas de seguir creyendo que el cine es un arte por encima de una industria que mueve todo lo que mueve.Pero no es la película lo que me hace escribir: es la gente, el irrespeto conque acuden como profanando el milagro de asistir a un espectáculo, cargados de palomitas, bebidas y otras mil chucherías ruidosas que otorgan a la sesión un carácter de picnic malavenido en los que el niño que fui se rebela y exige silencio, un rato de silencio porque el cine no es un bar, el cine es una fiesta de ilusiones en mi recuerdo y sigo siendo el guajirito soñador que se ponía sus mejores galas para asistir a un acto irrepetible de magia que me permitiera ver distinto mi pueblo de horizontes pequeños, mi calle sin asfalto y mi casa agujerada por el tiempo y el olvido...

jueves, 22 de octubre de 2009

La Habana, en guagua, entró en Pachamama


Me permito parafrasear el título de un libro publicado a raíz de la visita de Juan Pablo II a La Habana, para contar con bombo y platillo el paso de Mirta Portillo por el escenario de la Tetería Pachamama, en Ciudad Real.

Confieso en que no soy imparcial cuando de afectos se trata y que me resulta imposible valorar artísticamente, sin ser subjetivo, a aquellas personas en las que humanamente creo. Mirta , no ha sido la excepción, a pesar de que a penas habíamos tenido contacto (cuando yo venía a España por primera vez, en el 98, ella empezaba con Mayra Navarro en el Taller del Gran Teatro de La Habana) pero puedo asegurar que cada vez que la vi contar, se hacía evidente ese valor en alza para los verdaderos cuenteros: LA AUTENTICIDAD.

En Pachamama hizo gala y alarde de profesionalidad y cubanía, una verdad que define su oficio y que le permitió darse y hacer que los asistentes a la sesión nos diéramos, nos entregáramos al mágico disfrute de viajar en guagua porque los autobuses de estos lares nada tienen que ver con esta "especie", que no medio de transporte, que en la mayor de las islas del Caribe adquiere vida y significados muy propios, únicos.

Fuerza fue la basa en la que se armó la verdad de su contada, atreverse a provocar, más que a seducir desde una parte muy sincera de su ser.Todos caímos en sus redes y yo, con esta vocación melodrámatica que porto en los genes, me estremecí y no me atreví a subir al escenario(con lo que me gusta) que esa noche Doña Mirta Portillo, hizo suyo, definitivamente.

Gracias Mirta por haber conducido magistralmente TU guagua, nuestra guagua, por hacernos vibrar y por hacerme volver a ese pedazo puro de mi raíz y de mi alma.Gracias por ayudarme a constatar que en nuestro oficio sólo hay una verdad que nos define profesionalmente: SER AUTÉNTICOS Y DARNOS ENTEROS DESDE ESA VERDAD INELUDIBLE.

lunes, 21 de septiembre de 2009

UN GUIÑO A ESA OTRA CARA DE LA MEMORIA

Hoy es el DÍA MUNDIAL DEL ALZHEIMER, en las calles de Ciudad Real carteles, alguna sonrisa y una que otra uhca solidaria...
Y yo que tengo fijación con la MEMORIA y todos sus afluentes, con los AFECTOS y los COMPROMISOS, quiero mandar mi abrazo a todos los que de algún modo están sensibilizados con la enfermedad y convoco a aquellos que aún no ha tenido a bien saber de que va este complicado asunto.
Para todos ellos un fragmento de un texto que escribí a raíz de mi primera colaboración con esta Asociación y que por lo que me conmueve no he podido contar con las ganas que me exigen los afectos...

“Los ojos son espejos”- decía, desde niña, Leopoldina, desde que aprendió a leer los entresijos y los caminos ocultos en los ojos sabios de sus mayores o en la mirada inocente de sus amigos y hermanos. Se quedaba alelada viendo como su cara salía pequeñita de los ojos de otros.
Le gustaba también la mágica transparencia del agua, aquella luz maravillosa que reflejaba su rostro y le permitía deshacerlo al lanzar una pequeña piedra, jugando a imaginar su carita de niña con las sabias arrugas de su abuela María.
Mientras miraba el temblor de su rostro sorprendido en el agua, se le ocurría pensar que las arrugas eran ríos secos y entonces, corría a besar los surcos que adornaban las caras viejas de su calle: Los besos son manantiales, también decía (...)


Entre amores y ganas se dio mujer a los hombres que pasaron con andar propio, unos aprisa y otros apenas en silencio y más de uno caló hondo en su alma frágil y sabia, rebelde y dulce. Pero su vida, la raíz misma de su vida, sus alas y sus miedos, sus ganas y su sed fueron de aquel que llegó sin nombre, ajeno, diferente, como quien llega del olvido y a él se dio enterita y con el ahondó sus manantiales y labró los surcos con los que engalanaba sus espejos en el instante mismo en que se veía envejecer, vivir la vida. Yo digo que este hombre sin recuerdo fue la premonición del tiempo que ahora vive (...)

Ya no canta, no cuenta, ya no se busca en los espejos, ya no sonríe con esa risa limpia de quien vive la vida, seguro de vivirla. La abuela Leopoldina es como un arcón vacío que, como abandonado, espera que el olvido libere al rehén de su pasado.
No sé si espera, pero a diario acudo a ella para plantar manantiales en los ríos que surcan su cara limpia, olorosa a jabón y florecilla temprana. Y después de besarla la miro, la miro aunque sus ojos me miren sin mirar, sin distinguirme. La miro porque gracias a ella aprendí que los ojos son espejos para que el mundo se mire en ellos y mientras su mirada, aparentemente vacía, devuelva mi rostro pequeñito, yo tendré la esperanza de su cuento, su canto y de su risa.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Un nuevo sitio para fortalecer los sueños



Que a estas alturas de la malintencionada crisis haya personas con capacidad para soñar, creer y crear; es un privilegio. Y si esas personas son amigas y compañeras en este viaje, sin pausa y sin prisa, por el maravilloso mundo de las palabras; bien vale unas sentidas letras, un poema escrito desde el corazón, como quien juega a hacer tangible los quereres.
Una librería para niños y niñas y para las madres, los padres y adultos varios que creen que vale la pena arropar sueños y alimentar alas.
Bienvenida al mundo,Hada Trabalenguas y para Maísa y Vero mi verso, mi abrazo y mi incondicional apoyo.


Un hada remienda y teje
las palabras desatadas.
Un hada suelta y desteje
las palabras apresadas

Tejemaneje del hada
que trabalenguas inventa,
“trabalenguea” contenta
con las palabras aladas

Hada de sueños que vuela
del girasol a la rosa,
de un grillo a una mariposa
y desde el sueño a la escuela

De las palabras, madrina,
de las canciones, los cuentos,
de trabalenguas e inventos;
volandera y cantarina.

Sabe bordar los sonidos
con los hilos de la risa
mientras cuelga los latidos
del corazón en la brisa.

Lenguisuelta, parrandera
alidespierta cantora
que armoniza, bullanguera,
sin descanso, a todas horas.