
Más allá y también más acá del narcisismo propio de los que vivimos de cualquier oficio que reclame el aplauso, cuesta hablar de uno mismo, más que nada por falsa modestia y por el qué dirán. Pero visto lo visto, que mis abuelas no estaban y que tengo la certeza de que faltaron ojos críticos que pregonaran mi dicha, me atrevo y cuento y me echo alguna florecilla y un ramillete entero al público que ayer me arropó en San José, que defendió mi voz y recolocó mi desánimo.
Fueron muchos ojos, orejas, manos, porque logré que bailaran y cantaran, que jugaran con mis cuentos más que nada porque estaban abiertos al disfrute y porque yo quería secarme la espinita.
Público familiar (cientoylamadre; para no errar) cuentos populares y una ambiente caldeado por la tarde que despedía un día de asfixiante temperatura.
¿Qué conté? Lo infalible: El gallo y el carámbano, El gallo de Bodas (mi versión del Gallo Kirico), La cucarachita Martina (que en versión tica se llama Mandiga y que en lugar de sopa hace arroz con leche), El pollito Pito, Akeké y el baile y canciones y juegos...
Nada, que me la pasé en grande y si alguien quiere corroborarlo que lo haga.
Parece que salir huérfano de expectativas hace que la fuerza te salga por los poros y que cualquier empeño es nada, si no hay un público abierto a gozar y a hacer tangibles la palabras que fluyen desatadas en el intento de compartir, conmover y disfrutar.
Fueron muchos ojos, orejas, manos, porque logré que bailaran y cantaran, que jugaran con mis cuentos más que nada porque estaban abiertos al disfrute y porque yo quería secarme la espinita.
Público familiar (cientoylamadre; para no errar) cuentos populares y una ambiente caldeado por la tarde que despedía un día de asfixiante temperatura.
¿Qué conté? Lo infalible: El gallo y el carámbano, El gallo de Bodas (mi versión del Gallo Kirico), La cucarachita Martina (que en versión tica se llama Mandiga y que en lugar de sopa hace arroz con leche), El pollito Pito, Akeké y el baile y canciones y juegos...
Nada, que me la pasé en grande y si alguien quiere corroborarlo que lo haga.
Parece que salir huérfano de expectativas hace que la fuerza te salga por los poros y que cualquier empeño es nada, si no hay un público abierto a gozar y a hacer tangibles la palabras que fluyen desatadas en el intento de compartir, conmover y disfrutar.



