sábado, 10 de agosto de 2013

VIAJERA

La flor azul vio al pájaro y soñó el vuelo.
Arriba, el cielo abismo; abajo, el espejo del agua dibujaba el infinito.
Un suspiro y la flor dejó la rama.
Sin alas fue imposible alcanzar altura y volando cayó en el frágil cristal del agua.
En el agua no fue pájaro, la flor azul fue barca  que la corriente meció  y llevó quién sabe a qué horizontes.

En la flor vivían el pájaro y la barca: vivía el viaje
La flor azul anduvo su camino.

Pájaro o barca, daba igual, sólo importa vivir la plenitud  del sueño.

viernes, 26 de julio de 2013

MITADES


 
Cada mañana, mi padre se levantaba diferente. Sólo mirando a sus ojos podía saber quién o qué se sentía.
Cuando despertaba mitad lluvia, mitad sol; a mediodía era arcoíris.
Si  al despertar era silencio y ruido, sería música en la tarde.
Siempre distinto,  pero siempre Él.
Yo prefería cuando amanecía árbol y ala, en la noche  sería nido para acunarme y arrullarme.
Un día quitaron un trozo de su cuerpo y arrancaron su virtud.
Se volvió ausencia y, poco a poco, se fue para siempre.

Al marcharse, mi padre me dejó sin arcoíris, sin música y sin nido.







martes, 2 de abril de 2013

EL "NOCUENTO" DEL CUENTO DE UNA NOCHE


Quiero contar el cuento de una noche en que conté en mi pueblo y no tengo palabras.
Quiero contar con las frases precisas lo que sentí, lo que viví y un nudo no me deja.
Y el nudo no está en la garganta, ni en la memoria, ni en la voz.  El nudo sube y baja y a veces es un lazo, otras es una hebra de hilo que busca la aguja perfecta para remendar los recuerdos, zurcir los jirones que dejó la prisa en la memoria y poner luces en los tramos oscuros que alejan a Meneses y a mi infancia de la Historia Universal y los sumen en el ir y venir por los polvorientos caminos del olvido.
¿Qué son la infancia y el recuerdo?¿Qué es la ausencia?
Tenía cuatro años el día que, en harapos, pisé el escenario de la Iglesia Presbiteriana de mi pueblo, la de La Seño, la maestra de maestros de Meneses que castigaba con besos colorados a los chicos traviesos. Pareciera imposible pero entonces había gente que defendían la fe y el hecho de no ser aun pionero, me permitía ciertos deslices con las doctrinas.
Luego vino el olvido, la mentira, la prisa, la fuga de los Reyes Magos, las ideas, la muerte y mil cosas que habré de contar el día que encuentre las palabras - no sé si porque ya encontré las razones o siempre las tuve demasiado calladas-

Era un viernes de marzo, los harapos estaban en el alma. Yo llevaba mis únicos zapatos de salir (sigo teniendo esa manía), un pantalón falso que a los ojos de los deslumbrados y a los ciegos, era de marca y una camisa negra que me agencié en Buenos Aires por cortesía de Javier y que ahora es imprescindible en mi escaso ropero de cuentero sin casa.
Era otra vez la Iglesia Presbiteriana, la nueva - la de antaño se la llevó el olvido, el comején, la ignorancia-
Era el niño pecoso que recitaba poemas de Martí y que cantaba. El niño que a medias cargo porque una parte se quedó esperando a que mi calle volviera a ser un río.
Eran muchos ausentes (o demasiadas presencias) y las caras del barrio, los niños de mi niñez, los amigos de mis padres que me contaban del pasado de mi pueblo. Eran la muchacha que rezaba cuando estaba no sé si mal visto o prohibido y la que se arreglaba las uñas mientras escuchaba a Serrat. Era la misma madre que repetía los textos que tenía que aprenderme cuando aún no sabía leer, mi hermana con miedo de mi miedo y su miedo de mirarme a los ojos para no romperse y romperme, mi sobrina que no encuentra palabras para tanta ingenuidad, las vecinas, los amigos, algún desconocido, parientes, amigos de los amigos de los amigos de los amigos, hijos de los amigos de mis padres, los hijos de los niños de mi generación de sueños y futuro y así hasta la infinitud de vínculos que generan los pueblos pequeños como el mío. Eran miradas que se desprendían del rostro de hoy para buscar los colores de antaño.

Es por eso que no tengo palabras, porque me miran todos desde esa noche y no sé como decir que fui feliz, que soy feliz, que mi abuela Nena tenía razón cuando me llamaba "privigeliao".
Y es que no hay privilegio más grande que volver a tu pueblo a contar la historia que te inventas para salvarte de la prisa y del miedo; del desarraigo y  del olvido y que la gente que conozca la verdad la asuma, la defienda y la escuche con la convicción de que   el recuerdo puede poner las cosas en su sitio si se dice desde el más profundo respeto, desde la certeza que supone haber vivido en el lugar adecuado y en el momento preciso.

Ahora no tengo palabras, tengo razones que no se pueden nombrar porque se sustentan en la compleja raíz de los principios y en la maravillosa esencia de las emociones.

domingo, 31 de marzo de 2013

PALABRA


El bisabuelo de mi tatarabuelo, que no sabía escribir, le regaló a su hijo, el abuelo de mi tatarabuelo, una palabra.
El padre de mi tatarabuelo, la escuchó, la guardó en su memoria y cuando quiso regalarla a su hijo, sólo se acordaba de la música que tenía la palabra; entonces susurró al oído de mi tatarabuelo una palabra parecida.
Otra fue la palabra pero al fin al cabo: una palabra.
Mi tatarabuelo hizo, más o menos, lo mismo con mi bisabuela -no tuvo hijos varones-
Ella lo escuchó atentamente y la preservó para regalársela a su hijo  cuando supiera escuchar, nunca antes. Creció, se hizo mujer y se fue, después de casada, con mi bisabuelo a otra tierra. Un lugar con otra lengua, con otro acento.
Allí nació mi abuela  y para que entendiera, mi bisabuela tradujo aquella palabra al soniquete apenas diferente del idioma nuevo, el de su hija.
Mi abuela la aprendió y la dijo en un susurro a mi padre cuando este tuvo edad para nombrar las cosas.
En la escuela -mi padre fue el primero que aprendió a leer y a escribir- supo de dónde venía, qué significaba e incluso aprendió la ortografía de la palabra.
Mi padre me la dio por escrito.
Yo la guardo a la vez que la busco.
La leo y la releo de vez en cuando. La repito en mi memoria.
Yo sigo tirando del hilo de la voz de mi padre, de la voz de mi abuela y de todas las voces que no escuché y que me dejaron por herencia una palabra, una sola palabra que no digo porque es un secreto de familia.
Y busco y rebusco y oigo y escucho, por una sencilla razón: encontrar la música primera de esta palabra que define mi voz, que la sostiene.

lunes, 18 de febrero de 2013

DIFERENTE


El niño miró la noche y lo vio todo, se supo diferente.
La luna estaba presa en el naranjo y la luna no era la luna, era él; pálido, asustado,
preso de un miedo sin nombre que le nacía en el alma y lo inundaba entero, lo desbordaba, lo saturaba, le definía.
El niño era luna y lluvia, era frágil, delicado como una rama seca a pesar de su apariencia.
Sus ojos miraban a otro lado, no al sitio al que debían mirar.
Sus ojos se asustaban de los ojos ajenos que parecían descubrir su miedo, su verdad porque a veces la verdad es un miedo-temblor que te esconde del mundo, del camino, de ti.
Al niño que se entendía con la luna no le gustaban las muñecas de la hermana, ni el juego trepidante de los primos en la calle de piedras por donde iba y venía su niñez de pueblo. Al niño le gustaban el aguacero y cantar, los cristales que atrapaban la luz, los espejos, las palabras, las conversaciones adultas, los libros, el olor del café, los grillos y las ranas, las flores del naranjo, el nomeolvides, las fotos antiguas, los ríos, la caja de botones, las cartas.
El niño quería ser niño y ser luna y ser grillo y ser flor, llovizna y canto, el niño quería ser  cuento...

¿Cómo se puede ser si el miedo impone su garra al temblor de la luna, si un niño es niño y sólo niño aunque le sobren razones para ser un niño diferente?

sábado, 5 de enero de 2013

LA OREJA DEL ÁRBOL

Hoy me apetece un recuerdo y fue hermoso encontrar, aquel día de junio, que a un árbol del Jardín del Arte de Sullivan, en el DF, donde cada domingo viven los "Cuentos grandes para calcetines pequeños", le había brotado una oreja enorme.


Desde hace muchos años estuve bien plantado, en mi sitio. Fui refugio de pájaros e insectos, bajo mis ramas, sueñan sus casas los "sintecho" y percibo los trinos y los sueños, los miedos y las dudas. 
Un día de domingo, hace ocho años, llegaron las palabras. Me gustaban los ojos de la gente, las risas, los gestos, las miradas. Algo bello intuía, pero no lo escuchaba. Fue cuando entendí que algo me faltaba: una oreja. 
Parecía imposible, pero los cuenteros fueron inventando bajo mi sombra un mundo donde todo es posible. Bastó desearlo.
Puse bien firmes mis raíces y estiré al infinito mis ramas. Hace unos días, la sentí brotar. Pequeña, húmeda, aferrada a mi corteza como para quedarse siempre ¡Una oreja! Por fin tengo una oreja para escuchar los cuentos, las canciones, los aplausos, las risas.
Y hasta me cuentan chistecitos y chismes, sueños, dudas, males de amor, esperanzas, temores, deseos. Yo escucho y callo. Los guardo para mí porque soy muy discreto. Pero soy feliz porque por fin puedo guardar palabras para contarle al viento, a los pájaros, a los que llegan en las noches para buscar consuelo.
Dicen que los hombres y las mujeres, por supuesto, aprendieron del sonido del viento en mis ramas a nombrar las cosas y yo, que tengo el privilegio de estar bien plantado en mi sitio, he aprendido que dejarse llevar por los sueños es suficiente para que algo maravilloso sea posible. Yo aprendí de los humanos a escuchar y a alimentar con palabras mis raíces.

viernes, 4 de enero de 2013

APRENDIZAJE


Hay dos frases que recuerdo de mi infancia
¡Enderézate! ¡Levanta los pies!
Enderezarme fue imposible, ya se sabe: árbol que nace torcido...
La vida me retuerce y siento que me achica, pero enderezarme lo que se dice enderezarme...
Sólo fijé, parece, lo de alzar los pies. Tanto ha sido la alzada que no sé vivir sin esta constante sensación de fuga, sin esta mágica vocación de veleta.

Torcido estoy pero aprendí a volar y es en el vuelo que el destino impreciso se endereza.

sábado, 24 de noviembre de 2012

EL TIEMPO, EL AZUL, LAS ESPERANZAS


Hace veinticuatro o veinticinco años, en Moscú, escribía:

Yo me enamoro fácil
y me quedo
agarrado al azul e inventando el presagio
remendando las lunas de mi prisa
con las desnudas frases
que pariera el otoño de mi suerte.

Otoño hecho de frases
haciéndome sin prisas los desnudos

Yo presagio el azul 
y al azul me aferro
y me enamoro fácil
y me quedo...

Hace menos de un mes, escribí en México:

Te quiero marinerito
te quiero.
Marinerito moreno 
marinero morenito
moreno mar  marinero
echa tus barcos al mar;
ven a buscarme te quiero
marinero  mar  sonrisa
ola  brisa  marinero
ven a buscarme con prisa
ven a besarme que muero
por tu amor de viento y ala
por tus ojitos serenos
muero de amor marinero
marinerito moreno
te quiero



Hoy no escribo, no puedo. Reviso apuntes y descubro que no tengo remedio, que me ciega el azul, que me deslumbra; que no he cambiado en tantos años de ir y venir, de mi sueño a la vida, y aunque parezca absurdo, seguiré suspirando la hermosa desnudez de los otoños y dejando que el azul me atrape, aunque naufrague.
Hace muchos años (más de veinte) tuve la certeza de que la fuga del azul que el amarillo atrapa es la esperanza y habrá que seguir navegando, suspirando, amando...

lunes, 19 de noviembre de 2012

MELANCOLÍA Y CANCIÓN PARA UN DOMINGO


Aletea la tarde en un suspiro que no devuelve el horizonte hambriento, la línea imperceptible que se traga su luz en naranja agonía.
Siempre fueron terribles los domingos de abandonar la casa y el abrazo, pero hoy no estoy cansado y tengo sueño, un sueño que no es sueño y es tristeza, una extraña melancolía cargada de recuerdos y optimismo, de certezas y miedos.
El próximo domingo que muera ante mis ojos estaré resumiendo estas andanzas por las fértiles tierras del oficio y los afectos, por tantas casas nuevas donde escondí migajas del futuro, ese capricho-tiempo que no sé dibujar con trazo firme pero que puedo oler, sentir, palpar como si no hubiese otra opción que la de volver para afianzar los lazos que adornan estos últimos meses de búsquedas y encuentros.
Caminos, casa; amigos, casa; palabras, casa; cuentos, casa; recuerdos, casa; un amor, casa; miedos, casa; libros; casa y la esperanza, el canto, los olores, la luz, el llanto, la mentira, la música, los besos, las ausencias, las abuelas, los ojos, las miradas, la familia, los abrazos, las orejas, las sensaciones, el paladar y las angustias, la ansiedad y los mimos, el antaño, el ahora, los de hoy, los de siempre, los nuevos y los viejos, refugios, arrullos, hermana, pueblo, patio, jardín y madre... CASA.
Una y mil casas me han nacido, con huertos, con hogueras, con pucheros cantores que me arropan, calman mis  hambres y  nutren la ternura.
Una y mil casas tengo y ya no sé si vengo o si voy, si estoy haciendo equilibrios o desequilibrios, sin construyo caminos o los borro para poder volver sin el acoso del tiempo ineludible que, mientras amasa la esperanza, te desordena el sueño, te agita, te detiene, te empuja, te acobarda, te defiende, te humilla, te posee...

Ya se murió la tarde. El horizonte es nada cuando impera la noche, la luz es sólo un espejismo que se somete al designio del tiempo inevitable, que la preña de oscuridad y aurora.
A oscuras siento que hay un sólo camino y que es fácil cargar lo que aprendí estos días de jugar a vivir, a salir de mi mismo y reencontrarme niño sin otro artilugio que mis palabras y está fe en los amigos y en la gente.
Una y mil casas llevo; algunas con cimientos a prueba de temblores, otras de polvo y nube, otras de azúcar y de agua y de agua y sal, de mar y de ola, otras de un sólo trazo, otras como el dibujo de un niño, otras balcón o abismo pero todas cobijan y definen mis pasos y en todas hay ventanas para mirar, paciente, el suspiro-aleteo de la tarde que el abismo del horizonte se traga lentamente y aprender de la vida, mientras se muere el día en naranja agonía, a construir mañanas, regresos, esperanzas.

jueves, 8 de noviembre de 2012

OTOÑO, CUENTOS, EL VERDE...LAS SEÑALES


Soleada la mañana. Amanezco con la ilusión preñada, primaveral a pesar del otoño.
Contaré en un colegio y siempre contar para niños y niñas se me hace un privilegio.
Vamos al Oriente del DF y la casualidad pinta la línea del metro de color verde.
Primera señal: el camino de la esperanza enrumba hacia el Oriente.
Erramos, viajamos hacia el Poniente, por suerte en el vagón venden "alegrías grandes" a sólo cinco pesos, compramos, es buen precio para algo tan valioso.
Cambiamos el camino y tropezamos con una pareja de novios que comienza el día con un beso y una madre que juega con su niño en la escalera del metro ¿Señales?
Descubrimos que el tren de la esperanza va muy lento, pero va.
Llegamos, el sol insiste.
El colegio es también verde y, en el jardín, Ángel se encuentra un enorme signo de interrogación de color verde ¿más señales?
Contamos, hasta las madres han venido a escuchar las historias...

No sé, pero hay días en que vale la pena levantarse y creer que todo es posible sólo porque el sol de otoño se atreve a jugar a las primaveras, porque te encuentras con alguien; una maestra, por ejemplo, que cree en lo que hace; niños y niñas, de barrio, que se agarran a las palabras como a la libertad, al juego o a la fe, palabras grandes  que a su edad son una misma cosa y porque puedes recorrer a golpe de risas y canciones una ciudad extraña con una amiga nueva que es como de toda la vida.

Sólo señales, simples señales, pero hay que leerlas, vivirlas para seguir creyendo en la esperanza

miércoles, 3 de octubre de 2012

SABERES Y PRESENCIAS

                                                                                                                                                                                                                             Nunca pedí a mi abuela que me explicara cómo escribir herida o cicatriz, le pedí bálsamos y ungüentos.
Mi abuela no me explicó la ortografía del abrazo, me enseñó la ternura a fuerza de mimos.

Ella, la abuela, no sabía que letra faltaba o sobraba para que hola y ola fueran palabras distintas y en esencia y apariencia, casi una misma cosa.
Mi abuela nunca me leyó un cuento, me los contaba despacio y mirándome a los ojos o acariciándome el pelo porque mi abuela no sabía leer.

Yo aprendí a leer en alta voz y en voz baja y hasta en silencio; aprendí ortografía y muchas otras cosas, no todas, por suerte, para no perderme el valor de la sorpresa.
Siempre que leo y una frase me parece hermosa, resuenan las palabras en la voz de mi abuela.
Cuando escribo, algunas veces, olvido las reglas y las normas porque me salen las palabras como un canto.

Hay días  sin abrazos, sin "holas" y sin olas, días que pisan la huella de la herida. Entonces, en esos días, la abuela está conmigo y es bálsamo y ternura, es palabra fecunda que, en su cantar, no cesa.


LA FOTOGRAFÍA ES DE JHOANA DANTE, EN SU TIERRA, EN URUGUAY, NUEVA PALMIRA

sábado, 29 de septiembre de 2012

TARDE DE PRIMAVERA, UN TREN, UNA CANCIÓN, LAS SEÑALES...

Es primavera.
Estoy en Buenos Aires.
Amenaza la lluvia.
El tren avanza lento.
Carteles coloridos anuncian que un Banco ofrece créditos que hacen florecer.
Bajo el horrible diseño de flores falsas, un ciego, con su guitarra, canta la canción del gigante de ojos azules que amaba a una mujer pequeña.
Un espontáneo se saca una flauta del bolso y le acompaña.
 La gente levanta la cabeza, sonríe y vuelve a lo suyo.
Termina la canción, la gente aplaude, el flautista se baja en la siguiente parada, el cartel permanece, el ciego canta una canción de Aute.
El cielo insiste en jugar a las tormentas, no llueve.
Sube un hombre con muletas vendiendo tres alfajores por cinco pesos para endulzar la tarde, el cartel del banco lo acapara todo con el naranja chillón de sus flores falsas.
Llegamos, no llueve.
Un par de "sintechos" pregonan: -La razón a voluntad, La razón a voluntad...
La gente que escucha y pasa, los ignora
- La razón a voluntad- insisten
Una muchacha de pocos años vende cremas antiedad desde un cartel gigante y con sonrisa falsamente perfecta o perfectamente falsa que en estos casos...
- La razón a voluntad- las voces que pregonan se apagan
No llueve por más que se anuncia el aguacero.
No llueve y pareciera que no pasa nada.

Cuántas razones-pienso- verdaderas, poéticas, engañosas, falsas...
¿Será que tantas razones anulan voluntades?¿Será que la voluntad se duerme cuando la vida precisa un aguacero?

viernes, 14 de septiembre de 2012

HAY DÍAS

A decir del saber de mi abuela, mi pueblo sólo tenía dos horizontes; el de arriba y el de abajo. Y no hablaba del cielo ni del infierno, se refería a los dos puntos por los que la calle más importante de Meneses agujereaba el infinito.
Los dos sirven para escapar-decía-Uno te lleva, sin regreso, a la nada; el otro, no se sabe bien que te propone porque el azul desdibuja cualquier punto de llegada.
El de arriba, culminaba en La Elvira, que así se llama el cementerio de mi pueblo; el de abajo, terminaba en el mar, el mismo mar que acunó cualquiera de mis esperanzas.
Hay días en que necesito a la abuela, sobre todo cuando la vida me propone más de un punto de fuga, más de un horizonte.
Hay días en que haría mejor en comer arroz con leche y esperar la señal, cualquiera que sea y dejarme llevar  por el instinto, como esa vez en que desoí a los viejos, alcé el vuelo y me encontré a mi mismo, sin brújula, sin, planos y la vida proponiéndome el arriba,  el abajo, la izquierda, la derecha, el todo, la nada, el miedo, la esperanza...
Hay días que amanezco con ganas de decir y no tengo palabras.

lunes, 10 de septiembre de 2012

De los días, las ganas y la memoria

Hoy es un domingo sin prisas. Sigo en Guayaquil. No se si espero, no se qué quiero pero estoy viviendo como se vive con ese sobresalto del enamoramiento.
Tengo ganas de contar, de hablar y hablar, destejiendo o tejiendo (como siempre digo), palabrear, jugar el agridulce juego del recuerdo y hacer un corro en la calle y convidar al mundo a sumarse a la rueda "de pan y canela". Tengo ganas de ir mañana al colegio, refunfuñando, con las uñas recortadísimas y los zapatos limpios, estrenar una camisa  y soñar, como cuando soñaba sin el vértigo que la responsabilidad impone.
Escucho una canción, Arrullos, y me hace tan feliz que bailo en un salón de lámparas gigantes, bailo solo y la gente se asoma para verme bailar y entonces, las convido.
Suena la orquesta y afuera llueve y dejo de bailar para mirar la lluvia, verla caer sobre el patio luminoso de mis sueños que tiene todos lo aromas de mi niñez de pueblo.
Y la gente de siempre baila con los recién llegados y yo miro con la cara conque escuchaba a mis padres contarme los bailes de mi pueblo y de tan feliz me carcajeo y aplaudo el espectáculo maravilloso que fue mi infancia de esperas y esperanzas.
Fiesta de la memoria es esta tarde en que escucho y escucho una canción y aprendo del recuerdo a desentrañar las verdades para entender, definitivamente, que sólo hay que salvar el soniquete, imperceptible a veces, de las esencias y descuidar el ruidoso cacareo de las apariencias.

lunes, 20 de agosto de 2012

DEL DOMINGO, LA SUERTE Y EL OCASO

Como jugando a nada otro domingo fluye sin dejar otro rastro que las luz mortecina de la tarde de un día que pretendió ser primavera.
Tengo un  revoltijo de sensaciones, luces, sombras, miradas; una mezcla de ilusiones y miedos como cuando en la infancia me ofrecía la vida sus certezas y yo quería otra certidumbre, la de la fuga y el ala, la de saltar a cualquiera de los horizontes y perderme a encontrar una palabra, una razón o un nido.
El tiempo fluye como quien borda un largo camino de mesa y se deja la vista en el reverbero de luces y de formas conque traza, dibuja, arma verdad el trozo de la tela desnuda.
Desnudo estoy, con la esperanza cantarina y frágil, con la casa acuestas pero sin la rastrera vocación del caracol asustadizo, que huye de la nada y hasta la nada traza su pegajoso trillo de imperceptible luz.
No sé escribo, juego o me lleno de augurios esta tarde de domingo en que la vida ronda intentado tener una charla con mis fantasmas viejos,
Es un ir y venir de vivencias y ganas, de convicción y dudas que me busco en los surcos de las manos una señal que nombre los caminos que el futuro depara y busco puertas en los posos del café y en la página de un libro que abro con los ojos cerrados.
Pero nada me dice una respuesta cierta, nada es tan rotundo como estas ganas de ser yo que tararean un bolero en mi alma, diciéndole a mis años que es tiempo de cambiar la ruta o de armarla con otros ingredientes, otros fines.
Ni trascendente, ni triste, ni abandonado, ni solo, tampoco lo contrario, es que la lenta  tarde de este domingo me obliga a comerme una galleta de la fortuna y antes de leer el mensaje que guarda preferí sacudirme los sentidos para verme latiendo la plenitud en que vivo.

Leo este desvarío a Javier y a Nico
Me como la galleta de la fortuna (china, por supuesto)
Y me encuentro: "Cada oveja con su  pareja"

Y quién soy la oveja, la pareja o soy yo cargando con lo que soy, conmigo mismo y estas ganas de seguir caminando los trillos que este tiempo de cambio me ofrece y me regala, no sé si para seducirme o retarme que. a la larga son los modos que usó siempre la vida para sacudirme, provocarme.

sábado, 18 de agosto de 2012

ASUNTOS DEL AZAR

¿Cuántas veces el azar se impone?¿Acaso todas? ¿Es bueno, es caprichoso, es la fortuna?
Hace casi cuatro meses que salí de España, había algunas rutas trazadas, algunas intenciones precisas, había ganas de buscar horizontes y nada fue  lo pensado, todo se armó caprichosamente, como un sueño bueno o como se arma el delirio.
México fue más, es más que cualquier pronóstico, Cuba fue otra verdad, otra mirada, Argentina parecía quedarse en nada, Brasil se quedó pendiente y yo anduve desesperanzado, triste, como si se me hubiera torcido el camino y con él, las ilusiones.
Parecía una traición del azar esta mirada al sur, cuando, sin presentirlo, el azar tomó las riendas:
PRIMER AZAR
Juani me habla de Chile, yo le digo que voy y ella le dice a Emy Rivero, y entonces los que fue una remota posibilidad fue certeza.
Santiago me recibió con mucho frío, tal vez para que el reencuentro con Juani tuviese tintes moscovitas.
Y nunca un frío polar tuvo tanto abrigo, tanto arrope: Juani, Leo, Gaby, Emy, Cony, Tito, Alejandra, Paulo, Karen, Patricia, Mirentxu, Mirella, Naty, Paty Mix, Carolina, Claudia, Valparaíso y ese primer encuentro con La Moneda, como si lo hubiese deseado desde el día en que mi maestra de primero leyó la noticia del golpe de estado y la muerte de Allende.
Ese azar es ahora camino y volví a Chile y vuelvo pronto y cada vez me ata más esta tierra temblona y cariñosa y en cada taller descubro, aprendo, me comprometo y sucumbo a la certeza de que contar es un privilegio. Ya somos equipo, grupo, amigos y como si no fuera suficiente, se sumó a este empeño Edel arriagada, gracias al SEGUNDO AZAR, Lili Bassi, que apareció sin anunciarse un domingo ventoso en el que paseaba con Marita von Saltzen y Rubén López, en Buenos Aires.
El TERCER AZAR llegó de la mano de Geraldina Rayo. Ella  le habló de mí a Leonor Arditti, Leonor a Susana Lino y Susana me lleva a la Casa de Cultura y Peña La Salamanca, en La Plata. Un domingo desangelado y frío, mucha gente, una emotiva sesión y Milena Salamanca, cantándome una nana y Susana comprometiéndome a volver
Allí estuvo Gabriela Lubarsky, con quien hubo una suerte de conexión extrasensorial y azarosa. Me habló de Córdoba y su gente, de sus proyectos, sus talleres y sin prometerme nada me invitó.
Y estuve en Córdoba, en tres pueblos, conté para niños y niñas, conté para adultas y dos adultos 8para ser precisos) y charlé de los cuentos y el oficio con las alumnas de Gaby, visité la Semana Cultural de Río Cuarto y vi contar a tres de sus alumnos (muy bien, por cierto)
Y regresé de Córdoba recién, con una nueva amiga, con la certeza de que vuelvo a este lugar de horizontes inmensos y   acento bailón como de bandoneón desafinado, de gente llana como su tierra que te mira a los ojos y mirando te cuenta y te atrapa.
Y en medio de tanto azar, yo mirando pasar este día lluvioso de agosto, sin ganas de otra cosa que de jugar a nada.
Azaroso el destino y sus trampas, la vida y sus puertas y sus muros y este privilegio de estar vivo y dispuesto a que el azar siga sorprendiéndome y regalándome la suerte de compartir caminos, afectos y palabras


lunes, 6 de agosto de 2012

Recuerdos de un domingo luminoso


Sólo la mañana habría sido suficiente para hacer este domingo memorable. Marita von Saltzen me había invitado a conocer a Rubén López y a pasear juntos por Matadero, uno de esos barrios de Buenos Aires que no aparecen en las guías de turismo como algo reseñable y que, quizás por eso, resuma una alta dosis de autenticidad: la feria, la música, los bailes y el gentío creciendo a medida que avanzaba el día: Miramos, compramos, bailaron y luego comimos en uno de esos sitos con solera y del que ni siquiera miré el cartel que ponía su nombre ¿Acaso lo tenía? Yo elegí un locro, ellos choripan.
Luego decidimos ir a ver un espectáculo de Diana Tarnofki, recomendadísima por mi caro amigo Moisés Mendelewicz. Pasamos a buscar a Lili Bassi y a Palermo, el barrio, por supuesto. La hora pegada, la dirección incierta, pero llegamos a una sala oscurísima, repleta de gente y de sonidos.
Yo esperaba un espectáculo de cuentería al uso, desnudo, sin excesivos ruidos ni alharacas y cuál fue mi sorpresa cuando me encuentro que los cuentos estaban más que arropados por gestos, luces, sonidos, cantos...
Cantante y sonante es un espectáculo hermoso, tierno, es dulce y luminoso que da la impresión de una espiral que te va envolviendo, llevando como jugando a nada que resultó ser no de Diana Taranofki, sino, con Diana Tarnofki.
Ahora, en casa de Javier y a la luz de las velas (no tenemos electricidad) vuelve en armónicas resonancias y lo paladeo, redescubriéndolo, sintiéndolo, destejiéndolo.
Y aunque mi manía de apostar por la desnudez de las voces y los gestos, me obliga a resistirme a los adornos, cierro los ojos y me veo invadido por una suerte de magia, degustando uno de esos platos llenos de colores, texturas y sabores.
Me gustó, definitivamente, me gustó y fue una clase magistral de equilibrio y mesura, una suerte de tapiz bordado a mano y lleno de colores, uno de esos tapices que te permite elegir una hebra o una parte del dibujo y dejarte llevar como si de un abandono se tratase.
Yo hubiese insistido en las sombras chinescas, como recurso porque me pareció maravillosamente breve y me quedé con ganas de entrar por la mirada dulce de Diana que prevalecía y se hacía valer a pesar de todo lo que llamaba la atención: las hermosas voces, el músico jugando el juego e implicadísimo en la puesta y un atril mostrando los libros en los que aparecen los textos que integran la obra.
Gracias, Marita, Rubén, Lili, Diana, gracias por este domingo que subrayó la certeza de que hay días en los que el azar te premia y te regala la suerte de mirar el oficio y la vida desde otro lugar que lo enriquece.  

martes, 17 de julio de 2012

DOMINGO MÁGICO EN LA PLATA

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Yo imaginaba una ciudad con vida y me fui con el tiempo suficiente para recorrerla y ver el modo en que la gente la habitaba, la animaba; porque ver el ir y venir de la gente es lo que más me atrapa de cualquier lugar,  lo que verdaderamente me seduce. La Plata me recibió vacía, fantasmal, sin ruidos, con las calles habitadas por el frío y una luz mortecina que hacía del domingo un día para sentirse abandonado, sin  el más mínimos atisbo de esperanza o de suerte.
Caminé mucho tiempo, buscaba un lugar para quedarme un rato y que un café espantara mis presagios. Nada me convidó, nada me propuso ese abrazo conque algunos sitios ajenos te reciben. Busqué la calle 10 y, al encontrarla, caminé buscando la calle 60. Habían pasado las tres de la tarde, arreciaba el frío y aparecía la gente caminando sin rumbo, muda.
Anduve algunas cuadras y llegué al local en el que contaría esa noche, estaba cerrado; me abrieron unos niños, me presenté, les pedí cobijo y la madre de estos buscó a Adriana.
La dueña me saludó, asombrada por mi puntualidad, me ofreció asiento y un café y, mientras me volvía el calor al cuerpo, escudriñé paredes buscando una señal para adivinar cómo sería la noche. Al poco, llegaban los hijos y las hijas, entonces, empezaba la vida: armaban mesas, colocaban sillas, un revoleteo de manteles coloridos y se hacía hogar  la tarde fría. A la sazón llegó Susana Lino, quien se atrevió a invitarme por una recomendación de Leonor Arditti, que, a su vez, me conoció a través de Geraldina Rayo. nos presentamos y ella se sumó al empeño de vivificar, animar, engalanar, "almar" el espacio.
Ya la tarde era certeza viva y le gente goteaba, más que puntual, buscando sitio y cobijo. Al mismo tiempo, una mesa se llenaba de alfajores, tartas, pasteles que la propia familia había preparado. Yo era parte de todo, del todo que es la Casa de Cultura y Peña La Salamanca, del desempeño de Susana Lino, de la ansiedad y de la espera.
Y todo se iba armando lentamente, como guiso de abuela, como masa de pan hecha por manos sabias. Entonces llegó Juanita Pochet, una poetisa santiaguera (insisto en lo de poetisa porque para un oficio que tiene una definición hermosa desde lo genérico, es pecado no aprovecharlo) con ella, con Juanita y con Gabriela fue la charla apurada y previa a la sesión de cuentos.
Y pasó todo, como pasa la vida: un cuento y otro y otro y suspiros, risas, temblores, aplausos y unos ojos destejiendo las sombras para conectar con los míos y fluyó la sesión, como un río, como esa brisa leve que adormece y transporta, como la sacudida  a un árbol cargado de frutas maduras. Yo sentí muchas cosas y conté con todo lo que vi  y sentí desde que mis ojos se encontraron con la verdad de un espacio auténtico.
Lo que pasó fue mágico, al menos desde mi punto de vista, pero fue de ese modo porque al amor de una invisible lumbre nos dejamos llevar y nos fuimos arropando con silencios, miradas, con palabras, con afectos y con ese puntito esencial de los humanos que es la infancia, el recuerdo, la raíz, el nido.
Como si no tuviese el alma en vilo, la Casa, nos regaló una nana "Duerme duerme negrito que tu mama está en el campo negrito...."  La cantó Milena Salamanca (hija mayor de Adriana y Luis, los dueños, el alma) con una voz que proclama verdades, que sacude el recuerdo y, en la sacudida, lo espabila y este florece como si en la ciudad callada no fuera invierno, como si La Plata jugara a ser fantasma para dejarse ver el alma cuando la tarde cae para que el sueño vuele a preñar de trinos la esperanza y la nostalgia, que a la hora del verso son una misma cosa.


Y yo me quedo sin palabras porque calor humano, cuentos y una nana hermosa en una noche fría me devuelve la paz, me arropa y me deja callado esperando el próximo encuentro con este hogar de luz, calor y abrazo.

viernes, 6 de julio de 2012

TIEMPOS, BRÙJULAS Y REENCUENTROS



 El tiempo va sin ruido a pesar del reloj que  nos apura y nos desvela. El tiempo pisa y pasa sin rostro pero dejando las ineludibles señales de su ser, sus marcas y el recuerdo, esa sustancia invisible que nos habita y nos sostiene, armando lo que somos, porque no somos más que eso: lo que fuimos y vamos remendando, zurciendo para que al final el harapo cubra y nos arrope en el miedo de caer en el olvido.
Y es que cuando parecía que todo estaba en orden, la vida no era mía; aunque si era mi vuelo, mi fuga y esa intención que nos inculcan de construir caminos propios ¿Pero hay camino propio sin los trillos de apariencia ajena que los atraviesan, sin los caminos que se cruzan  tejiendo encrucijadas?
Estoy de vuelta a la raíz, estoy reencontrándolo todo y encontrándome como cuando parecía que escribiendo un poema se salvaba el mundo.
O es que, en verdad, es ahora cuando escribo un poema en el que el recuerdo se desnuda y me desarma, permitiéndome el lujo de elegir yo mismo las piezas, de despreciar y apreciar, de tirar, de recomponer y armarme o dejar que el caprichoso destino haga los suyo; poniendo la resistencia justa para no perderme demasiado porque perderse a estas alturas es terminar "fantasmeando" en tus propios rincones.
La tentación de cambiarlo todo me agita y se proclama como las consignas que arroparon mi infancia en las que el futuro pertenecía a algo muy concreto que ahora es nada.
Mi calle, mi casa, mis ausencias, los amigos de aquellos veinte años en los que la vida era gozo y miedo, disparate y compromiso, todo  al mismo tiempo; cuando las verdades que ahora se evidencian latían porque el miedo atrapaba la voz y no podía nombrarlas.
Camino los recuerdos sin diarios, sin fotos, reinventándolo todo porque "ese" volver a vivir es poner las cosas en sus sitio y poner las cosas en su sitio es transplantar, tirar, podar, sembrar, acomodar y acomodarse.
Y yo me reacomodo las ausencias y las últimas vivencias en Santiago de Chile, en casa de Juanita, me acomodo como bebé en regazo porque afuera hace frío y porque estoy aquí como si hubiese estado antes porque canta, en mi mente, VioletaParra la canción de aquellos años en los que una canción bastaba para cambiarlo todo.
Disfruto viendo como los amigos de hoy habitan  mi casa de antaño, a los amigos nuevos haciéndome el nido en sus rincones, a los viejos amigos compartiendo su nido de ahora y me dejo llevar porque aun hay tiempo de elegir caminos aunque el tiempo sin voz, sin ruidos, sólo con su pisada, intente hacer creer todo lo contrario.
Estoy mirando al sur ¿Habré perdido el norte?